Manuel Aguilar Gómez, de 28 años, se internó en la corriente para rescatar a uno de sus animales; ambos murieron y el cuerpo del joven fue localizado dos kilómetros río abajo
Alfredo Estrella
San Juan Evangelista, Ver.— El amor por el ganado y el instinto de quien ha dedicado su vida al campo llevaron al joven vaquero Manuel Aguilar Gómez, de 28 años, a internarse en las aguas del río San Juan Evangelista para intentar rescatar a uno de sus toros.
El toro tampoco sobrevivió.
Lo que comenzó como un intento por salvar a uno de los animales de su hato terminó convertido en una tragedia para una familia y para una comunidad que hoy llora la muerte de un joven dedicado a la actividad ganadera.
Los hechos ocurrieron el pasado 14 de agosto, a la altura de la cabecera municipal de San Juan Evangelista, cuando uno de los sementales de su hato fue arrastrado por la fuerte corriente del río.
Manuel no lo pensó demasiado.
Montado en su caballo, se internó en el cauce con la intención de alcanzar al animal y sacarlo del agua.
Pero la corriente tenía más fuerza.
En medio de la maniobra, el joven perdió el control y cayó del caballo, desapareciendo entre las aguas del río ante la mirada de quienes se encontraban en el lugar.
A partir de ese momento comenzó una angustiosa búsqueda.
Elementos de Protección Civil municipal, trabajadores del Ayuntamiento y voluntarios de la comunidad se organizaron para recorrer las márgenes del río y tratar de encontrar al joven vaquero.
Las horas pasaron.
El río no entregaba respuestas.
Finalmente, después de varias horas de búsqueda, una brigada localizó el cuerpo de Manuel atorado entre la vegetación, a la orilla del río y aproximadamente a dos kilómetros del punto donde cayó al agua.
Las autoridades acudieron para realizar las diligencias correspondientes y posteriormente llevar a cabo el levantamiento del cuerpo.

EL TORO TAMBIÉN MURIÓ
La tragedia tuvo un doble desenlace.
El animal que Manuel intentó rescatar tampoco logró sobrevivir a la fuerza de la corriente.
Y quizá ahí se encuentra la parte más dolorosa de esta historia.
Manuel murió haciendo aquello que conocía y amaba: cuidar de su ganado.
Para quien no conoce la vida del campo puede parecer incomprensible que una persona arriesgue su vida por un animal.
Pero para un vaquero, un semental no representa solamente un animal más del hato. Es parte de su trabajo, de su patrimonio y de años de esfuerzo dedicados a la crianza.
Manuel actuó como probablemente lo había hecho muchas veces: intentando proteger a sus animales.
Esta vez, sin embargo, el río San Juan Evangelista no le permitió regresar.
Hoy queda una familia con el dolor de haber perdido a un joven de apenas 28 años y una comunidad que tendrá que acostumbrarse a su ausencia.
Queda también una historia difícil de olvidar: un vaquero que entró al río para salvar a uno de sus toros y terminó perdiendo la vida junto con el animal que intentaba rescatar.
Descanse en paz, Manuel Aguilar Gómez.
Y nuestras condolencias para sus familiares, amigos y compañeros del campo que hoy lloran su partida.

