¡EL HOTEL QUE SE QUEDÓ SIN HUÉSPEDES
Nadie informó públicamente cuándo cerró sus puertas el emblemático hotel de la avenida Justo Sierra; hoy permanece fuera de operación y sus cristales todavía conservan los precios de las habitaciones escritos con gis
Alfredo Estrella
MINATITLÁN, VER. Hay edificios que forman parte de la memoria de una ciudad aunque sus puertas permanezcan cerradas. En Minatitlán, uno de ellos es el inmueble que durante sus últimos años funcionó como Grand Regency Canales Hotel, ubicado sobre la avenida Justo Sierra, a unos pasos de lo que durante décadas fue el emblemático reloj de La Flor.

Hoy el hotel está fuera de operación.
No hay huéspedes entrando o saliendo, tampoco movimiento propio de un establecimiento de hospedaje y, desde el exterior, el inmueble luce como un enorme edificio detenido en el tiempo.
Lo que llama particularmente la atención es que no existe claridad pública sobre la fecha exacta en que dejó de prestar servicio, al menos entre los ciudadanos consultados y en las referencias que han comenzado a circular recientemente en redes sociales.
Y precisamente eso provocó la sorpresa de varios minatitlecos.
Personas que hoy son abuelos comenzaron a recordar el hotel y algunos confesaron que ni siquiera sabían que había cerrado sus puertas.
DE HOTEL DE LUJO A EDIFICIO VACÍO
Durante muchos años, el hotel fue mucho más que un sitio para dormir.
Su ubicación, sobre una de las principales avenidas de Minatitlán y dentro de una zona comercial que históricamente tuvo una intensa actividad relacionada con el movimiento industrial y petrolero de la ciudad, lo convirtió en un punto de referencia.
Era de esos lugares donde la presencia de un huésped podía despertar curiosidad.
Y aunque el hotel no contaba con estacionamiento propio, los vehículos que permanecían frente al inmueble daban una pista de quién había llegado a Minatitlán.
Automóviles particulares, unidades con logotipos de empresas y vehículos de lujo podían observarse alrededor del establecimiento.
“¿Quién llegó?”, era prácticamente la pregunta obligada.
Porque durante sus mejores años el hotel recibió visitantes relacionados con empresas, Petróleos Mexicanos, equipos deportivos, trabajadores, periodistas y personas que llegaban a la ciudad por diferentes motivos.
Hoy, el panorama es completamente distinto.
El inmueble permanece de pie, pero sin la actividad que alguna vez lo convirtió en uno de los puntos de referencia de la avenida Justo Sierra.
Un auténtico “elefante blanco” en una de las zonas de mayor movimiento comercial de Minatitlán.
LOS PRECIOS QUE QUEDARON ESCRITOS EN LOS CRISTALES

Durante un recorrido exterior realizado por este medio, hay un detalle que resulta particularmente llamativo.
En los cristales de la fachada todavía permanecen escritos a mano, con gis blanco, los precios que aparentemente correspondían a las habitaciones cuando el establecimiento se encontraba en funcionamiento:
Sencilla: $590 pesos.
Doble: $675 pesos.
Junior: $890 pesos.
Son cifras que hoy parecen pertenecer a otra época y que quedaron ahí, sobre los cristales, como si alguien hubiera cerrado las puertas sin borrar completamente la pizarra.
En otro de los accesos todavía puede observarse el nombre Grand Regency Express, mientras que en las instalaciones también permanecen referencias a los servicios que alguna vez ofreció el establecimiento.
PERO… ¿CÓMO SE LLAMABA ORIGINALMENTE?
La pregunta surgió en redes sociales cuando ciudadanos comenzaron a recordar el inmueble.
Uno de ellos escribió que el hotel había tenido dos épocas y que originalmente habría funcionado desde los años setenta, primero como un establecimiento moderno y posteriormente, después de un periodo de abandono, habría sido restaurado y adquirido por una familia de Monterrey para convertirse en Regency Canales Hotel.
Pero entre los comentarios apareció una voz que aporta un dato mucho más preciso.
Se trata de Víctor Fernando Flores Villalba, quien asegura conocer directamente la historia de los primeros años del inmueble debido a que su padre formó parte del cuerpo administrativo del hotel.
Flores Villalba escribió que estuvo relacionado con el establecimiento desde mayo de 1975, cuando su padre, José Flores Capistrán (Q.E.P.D.), estaba encargado de la operación.
De acuerdo con su propio testimonio, tras el fallecimiento de su padre, ocurrido en febrero de 1977, asumió la gerencia y representación legal del propietario, Ing. Ignacio Capistrán Lazcano (Q.E.P.D.), responsabilidad que desempeñó hasta 1988.
Y es precisamente su relato el que arroja luz sobre el nombre original:
“El hotel empezó a funcionar en 1974, con el nombre de Suites Hotel Mina”, escribió Flores Villalba.
Según su testimonio, aquel establecimiento contaba con Restaurante La Fiesta, Cafetería La Naranja, Bar La Cucaracha y Terraza Alberca.
Es decir, antes de convertirse en el conocido Regency Canales, el inmueble ya tenía una historia propia dentro de la vida social de Minatitlán.
LA ALBERCA, EL BAR Y LOS RECUERDOS DE UNA GENERACIÓN

Las redes sociales terminaron convirtiéndose en una especie de álbum de recuerdos.
Un antiguo trabajador recordó que llegó a laborar ahí cuando tenía apenas 18 años y relató que durante aquella época tuvo oportunidad de atender a personas que se hospedaban por largos periodos, incluyendo trabajadores relacionados con Pemex.
También recordó a visitantes vinculados con Mexicana de Aviación, equipos de béisbol provenientes del norte del país, trabajadores de la UNAM, periodistas que llegaron a cubrir las grandes inundaciones de Minatitlán y otros visitantes.
Otros ciudadanos recordaron algo que hoy parece difícil de imaginar:
la alberca del hotel estaba abierta al público.
Algunos mencionaron que llegaron a pagar apenas 50 pesos por entrar a nadar, acompañados de amigos o familiares.
“Hotel Suites Mina”, escribieron varios.
“Suite Hotel Mina, la alberca era pública con un módico costo.”
“Ahí llevaba a mi novia, ahora esposa, a comer y disfrutar de la alberca.”
“Hotel Mina, ahí nos íbamos a la alberca con unas amigas.”
Son recuerdos que coinciden en algo: el inmueble no solamente recibía huéspedes; también formaba parte de la vida cotidiana de los minatitlecos.
Incluso hubo quienes recordaron la existencia de la discoteca BACHELOR’S, administrada —según uno de los comentarios— por los hermanos Nolasco.
UN EDIFICIO QUE TODAVÍA HABLA

Quizá por eso sorprende verlo hoy.
Las fotografías actuales muestran un edificio que todavía conserva buena parte de su estructura, sus balcones, ventanales, accesos y fachada.
Pero detrás de esos cristales ya no existe el bullicio de aquellos años.
No están los huéspedes.
No están los trabajadores.
No están los automóviles de quienes llegaban a hospedarse.
No están los grupos que acudían a la alberca.
Y tampoco están aquellas reuniones que algunos minatitlecos recuerdan con particular cariño.
Queda el edificio.
Y quedan los recuerdos.
Incluso los precios escritos con gis sobre los cristales parecen decirle a quien pasa frente al inmueble que alguna vez ahí hubo habitaciones disponibles por $590, $675 y $890 pesos la noche.
¿CUÁNDO CERRÓ?

Es quizá la pregunta que queda pendiente.
Hasta ahora, no se ha podido establecer con certeza la fecha en que el Grand Regency Canales dejó de operar, ni se ha encontrado un anuncio público que marque formalmente el día en que el hotel cerró sus puertas.
Tampoco sería correcto afirmar que el inmueble será demolido o que existe un proyecto determinado para él sin una fuente que lo confirme.
Lo que sí puede comprobarse actualmente es mucho más sencillo:
el hotel está fuera de operación.
Y para muchos habitantes de Minatitlán, descubrirlo fue una sorpresa.
Porque mientras algunos ya daban por olvidado aquel edificio, otros apenas se enteraron de que el hotel que formó parte de su juventud, de sus reuniones, de sus tardes en la alberca, de sus viajes de trabajo y hasta de sus historias de amor, ya no recibe huéspedes.
Hoy permanece ahí, sobre la avenida Justo Sierra.
Grande.
Silencioso.
Vacío.
Un “elefante blanco” que alguna vez le dio vida a una de las entradas comerciales de Minatitlán y que ahora solamente parece esperar que alguien vuelva a escribir un nuevo capítulo en su historia.
