Por José Alfredo Estrella García

En Morena repiten una y otra vez que el movimiento nació para acabar con los privilegios de la vieja clase política, para abrir paso a nuevos liderazgos y para desterrar la figura del político que convierte el cargo público en patrimonio familiar o personal.

Pero hay quienes parecen haber entendido un mensaje completamente distinto.

La diputada federal Jessica Ramírez Cisneros ya comenzó a dejar claro que su siguiente objetivo es permanecer otros tres años en el poder. Si lo consigue, acumularía doce años consecutivos ocupando una curul: dos periodos como diputada local y dos como diputada federal.

La pregunta no es si tiene derecho a buscar otra candidatura. La ley se lo permite.

La verdadera pregunta es otra:

¿Le conviene a Morena volver a apostar por el mismo rostro cuando buena parte de la militancia y numerosos ciudadanos reclaman renovación?

Mientras miles de simpatizantes esperan una oportunidad para representar al movimiento, hay quienes parecen convencidos de que el Distrito de Minatitlán tiene dueño y que las candidaturas son hereditarias o vitalicias.

En los últimos días comenzaron a aparecer bardas con su nombre, videos de promoción política y recorridos repartiendo ejemplares del periódico Regeneración. Todo ello ocurre cuando todavía falta tiempo para el proceso electoral formal, lo que inevitablemente provoca cuestionamientos entre ciudadanos y actores políticos.

Más aún cuando en redes sociales las críticas no han sido menores. Lejos de desactivar la inconformidad, las respuestas que la propia legisladora ha dado a diversos comentarios negativos han sido interpretadas por algunos usuarios como burlas hacia quienes cuestionan su desempeño. En política, la soberbia suele costar más votos que cualquier campaña de la oposición.

Después de nueve años ocupando cargos legislativos, también resulta inevitable formular otra interrogante:

¿Cuál es el legado legislativo que hoy recuerdan con claridad los ciudadanos del Distrito XIV?

Porque una cosa es acumular periodos en el Congreso y otra muy distinta dejar una huella que transforme la vida de quienes depositaron su confianza en las urnas.

Las Choapas, Minatitlán, Moloacán, Uxpanapa, Hidalgotitlán y el resto de los municipios que integran el distrito enfrentan problemas históricos en infraestructura, salud, seguridad, empleo y desarrollo. La ciudadanía tiene derecho a preguntarse qué iniciativas, qué gestiones y qué resultados concretos justifican pedir nuevamente el voto.

En política existe un principio elemental: cuando un representante comienza a pensar primero en conservar el cargo antes que en representar a la gente, corre el riesgo de desconectarse de la realidad.

Morena enfrenta en 2027 uno de sus mayores desafíos. No basta con confiar en el peso de las siglas. También deberá medir el desgaste de algunos perfiles que, lejos de fortalecer al movimiento, podrían convertirse en un factor de desgaste electoral.

La historia reciente demuestra que ningún partido pierde únicamente por culpa de la oposición. Muchas veces pierde por no escuchar el hartazgo de su propia militancia.

Quizá la diputada Jessica Ramírez Cisneros está convencida de que aún tiene el respaldo suficiente para buscar una cuarta candidatura consecutiva.

Pero la última palabra no la tendrán las bardas, los videos promocionales ni los periódicos repartidos en las colonias.

La tendrán los ciudadanos.

Y ellos decidirán si quieren continuidad… o una verdadera renovación.